Así funciona el vehículo financiero que busca movilizar USD 4.000 millones para proteger los manglares del mundo

El riesgo, el retorno y la resistencia de los manglares como activo para sumar valor a la economía global

La conservación y restauración de los manglares se ha consolidado como una de las soluciones basadas en la naturaleza con mayor impacto frente a la crisis climática y de biodiversidad. Sin embargo, durante décadas estos ecosistemas han permanecido al margen de los grandes flujos de financiamiento climático global, a pesar de su capacidad para capturar carbono azul, reducir riesgos climáticos, proteger infraestructura costera y sostener economías locales como la pesca y el turismo. Las recientes inundaciones y emergencias climáticas en países como Colombia, han vuelto evidente que la pérdida de manglares no es solo un problema ambiental, sino un factor que amplifica daños económicos, presión fiscal y vulnerabilidad social.

En este contexto surge Mangrove Breakthrough, una iniciativa global diseñada para transformar la forma en que el mundo valora, financia e integra los manglares en las decisiones económicas y de inversión. Su objetivo financiero es claro y ambicioso: movilizar USD 4.000 millones hacia 2030 para proteger y restaurar 15 millones de hectáreas de manglares a nivel mundial, alineando capital público, privado y filantrópico bajo una lógica de impacto verificable.

Mangrove Breakthrough no opera como un fondo tradicional. Su visión es más estructural, buscando lograr que el valor real de los manglares sea incorporado de manera sistemática en las decisiones de inversión pública y privada.

Queremos que los manglares sean valorados en cada decisión de inversión pública y privada. Cuando eso ocurre, el financiamiento fluye”, explica Ignace Beguin Billecocq, director ejecutivo de la iniciativa.

El vehículo financiero que articula Mangrove Breakthrough se basa en la combinación de capital público, filantrópico y privado. Los gobiernos nacionales y subnacionales juegan un rol central al alinear presupuestos, planes de adaptación y compromisos climáticos —como las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC)— con proyectos de manglares. Actualmente, cerca de 48 gobiernos adheridos, que representan aproximadamente el 60 % de los manglares del mundo, respaldan la iniciativa, enviando una señal política clara a los mercados y al sector financiero.

El capital filantrópico cumple un papel catalítico clave, permitiendo reducir riesgos y estructurar proyectos en etapas tempranas, mientras que el sector financiero encuentra en Mangrove Breakthrough un portafolio creciente de oportunidades alineadas con criterios ESG, resiliencia climática y naturaleza positiva.

Cuando hablamos con instituciones financieras, les hablamos en su propio idioma: riesgo, retorno y resiliencia. Un manglar reduce costos futuros por desastres, protege activos existentes y puede generar flujos financieros vía carbono azul, seguros, deuda soberana y modelos de pago por resultados. No es filantropía: es gestión inteligente del capital natural”, señala Carlos E. Correa, embajador global de Mangrove Breakthrough.

Uno de los pilares del sistema es el Mangrove Catalytic Facility (MCF), concebido como un mecanismo para crear las condiciones necesarias para que se desarrollen transacciones financieras positivas para los manglares. Este instrumento combina capital semilla, asistencia técnica y herramientas financieras concesionales, como garantías, deuda y capital, con el objetivo de mejorar la bancabilidad de los proyectos y atraer inversiones de mayor escala provenientes de bancos de desarrollo, fondos climáticos y mercados emergentes.

Este enfoque ha permitido posicionar a los manglares como infraestructura natural crítica.

Muchos decisores aún los ven como pantanos inútiles. Pero cuando entienden que un manglar bien conservado protege carreteras, puertos y ciudades, y que su pérdida genera costos fiscales reales, el cambio mental es inmediato. Pasan de verlo como un problema a verlo como un activo estratégico”, explica Correa.

La iniciativa también impulsa instrumentos financieros innovadores que vinculan rentabilidad con impacto ambiental medible, como bonos vinculados a manglares, préstamos ligados al desempeño climático y esquemas de aseguramiento que reconocen su rol como barreras naturales frente a tormentas e inundaciones. Estos mecanismos permiten que sectores como infraestructura, turismo, agricultura costera y acuicultura integren el valor de los manglares en sus decisiones de inversión.

El uso de datos y ciencia es otro habilitador clave. A través de plataformas de mapeo y monitoreo, Mangrove Breakthrough facilita información geoespacial, indicadores claros y métricas de impacto que permiten a gobiernos, bancos e inversionistas identificar riesgos, oportunidades y retornos asociados a los manglares.

Sin manglares, los portafolios de inversión costera están expuestos a riesgos mucho mayores. Integrarlos en la toma de decisiones no solo mejora la resiliencia, también abre nuevas oportunidades de inversión”, afirma Beguin.

Desde 2020, más de USD 750 millones ya han sido movilizados hacia proyectos relacionados con manglares, y se espera que la implementación del Mangrove Catalytic Facility en regiones prioritarias como el Sudeste Asiático y América Latina acelere significativamente este ritmo. Países como Indonesia, Brasil y Colombia se han convertido en casos de referencia por su capacidad de alinear compromiso político, evidencia técnica y oportunidad financiera.

Para muchos ministros de finanzas o planeación, el dato que cambia la conversación es que los manglares almacenan hasta cuatro veces más carbono por hectárea que los bosques tropicales terrestres, y que su pérdida genera emisiones inmediatas. Eso convierte al manglar en un riesgo fiscal… o en una oportunidad climática y económica”, concluye Correa.

En un escenario global marcado por la emergencia climática, el Mangrove Breakthrough propone un nuevo paradigma, al integrar la naturaleza en el corazón de los sistemas financieros. Financiar manglares no es solo una causa ambiental, sino una decisión estratégica para reducir riesgos, proteger economías costeras y construir resiliencia a largo plazo.

Se puede acceder a la versión en inglés de este artículo aquí.

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